Noticias sobre desorden hormonal

Mujeres con bajo deseo sexual tienen una baja calidad de vida

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Las mujeres menopáusicas que tienen desorden de hipoactividad sexual, es decir, un bajo nivel de deseo sexual, tienen una peor calidad de vida relacionada a la salud que sus contrapartes que son felices con su vida sexual, de acuerdo a un nuevo estudio. El desorden de hipoactividad sexual es la persistente falta de deseo sexual causado por el marcado estrés o por las dificultades interpersonales. Los investigadores han encontrado que el desorden de hipoactividad sexual puede causar impedimentos en el bienestar, es decir empeoramiento, de aquellas que tienen enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, osteoartritis y asma. El desorden de hipoactividad sexual, es decir, la “persistente falta de deseo sexual causado por el marcado estrés o por las dificultades interpersonales”, está incluido en la cuarta edición de Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, que lista y define
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La melatonina

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Hace algunos años atrás apareció en el mercado la melatonina. Bueno, “apareció” es un decir ya que la melatonina siempre estuvo y estará presente al ser una hormona producida por el cuerpo humano. Sin embargo, el “grito de tierra” hacía referencia a las propiedades que se habían descubierto respecto a su uso en el campo de la medicina y más específicamente en el tema relacionado a las apneas o disfunciones del sueño. En efecto, se propugnaba que tomando esta hormona en forma suplementaria se podían corregir estas disfunciones. Sin embargo, los estudios siguieron y se han ido descubriendo nuevas propiedades asociadas a su uso. El campo de la sexología no ha sido ajeno a estos estudios y se han descubierto algunas propiedades interesantes que quedan dentro del marco de un desempeño sexual óptimo. Coincidentemente, el
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Extraña obsesión

Quizá a más de uno de ustedes le haya sucedido lo que les voy a comentar. El hecho de obsesionarse con una persona sin motivo aparente. Evidentemente uno en ese momento no es consciente de lo que le está sucediendo salvo por algunos comentarios del entorno cercano al notar los cambios de comportamiento. En mi caso la figura más bien vino del otro lado, es decir, fui objeto de una obsesión y sin siquiera proponérmelo. Afortunadamente ahora lo puedo compartir con ustedes como una cariñosa anécdota pero en esos días sí que me llevé un buen susto. En primer lugar porque apenas y había llegado a los veinte años de edad y, a decir verdad, con una alarmante inexperiencia en estos terrenos que, mal que bien, pueden enmarcarse dentro de los dominios del amor,