¿A favor o en contra de la pornografía?

En este artículo no pretendemos proclamar los beneficios curativos del porno a lo Larry Flint ni tampoco demonizar este tipo de productos, lo que sencillamente queremos es invitar al debate. El cine pornográfico puede ser un buen divertimento, ya sea en solitario o en pareja, al tiempo que un bálsamo contra el estrés y el agobio de la cotidianeidad. El problema para muchos reside en la distorsión de la sexualidad que puede no ser beneficiosa.

La mítica actriz porno Cicciolina en el Salón Erótico de La Coruña

Que la pornografía es un bien (¿cultural?) de consumo masivo, eso lo sabemos. Que los jovencitos en edad púber se sienten irremediablemente atraídos por ella, es evidente. En este artículo no pretendemos proclamar los beneficios curativos del porno a lo Larry Flint ni tampoco demonizar este tipo de productos, como si fuéramos una de esas ligas puritanas que prefieren prohibir libertades antes de arriesgarse a que la humanidad vaya al infierno por lujuriosa y decadente. En definitiva, lo que sencillamente queremos es invitar al debate. Y si los videoclubs de cine pornográfico cuentan en su haber con bastantes más afiliados de lo que nos pensamos, será por algo.

Y es que una película subida de tono puede potenciar la imaginación sexual de la pareja, puede excitarnos en solitario o mostrarnos prácticas que antes no imaginábamos posibles. Esto no puede ser sino saludable para la vida sexual de cualquiera. El problema hacia el que muchos apuntan es el más que instaurado sistema de representación, repetitivo hasta la saciedad en el cine pornográfico. Rozando incluso el cliché extremo y una estandarización injusta.

Así, aquellos que se sitúan en contra del cine porno en realidad lo están de este cine porno, el único que conocemos. Normalmente las películas se hacen con vistas a llegar a un público eminentemente masculino por lo que, en la mayoría de las ocasiones, se produce una repetición de motivos y prácticas que no dejan en muy buen lugar a la mujer (evidentemente, en el porno heterosexual). Esa ha sido la crítica esencial del movimiento feminista, denunciando la distorsión de la sexualidad y de los roles sexuales y, por ende, sociales. Para algunos, el hecho de que la mujer siempre asuma una situación de sumisión es un problema para que el porno pueda llegar también a ellas. Sin embargo, y desde otro prisma, hay movimientos que defienden el hecho de que la mujer pueda identificarse gratamente con la escena global del film y no con la fémina en particular. Es decir, una mujer también se excita con un porno sin becesidad de tener que verse reflejada en la actriz en cuestión.

Las adolescentes, mucho menos interesadas en el porno que ellos

Cambiando de tercio, en el caso de los jóvenes (chicos y chicas) el porno puede ser un material didáctico para aprender las visicitudes de las relaciones, pero sus detractores afirman que aquello que se ve en pantalla no se corresponde con la realidad. El cine pornográfico puede ser un buen divertimento, ya sea en solitario o en pareja, al tiempo que un bálsamo contra el estrés y el agobio de la cotidianeidad. Digamos que el sexo en la pantalla no tiene nada malo per se, lo que no gusta a algunos es la distorsión de los papeles asignados a cada uno de los participantes. En la vida real, el hombre no siempre es un falo dominante, ni la mujer un recipiente de reflujos.

Una buena cuestión sería el reflexionar por qué en pleno siglo XXI la mayoría de productos pornográficos nos ofrecen solo (y precisamente) eso.

Fuentes: Terra

Cicciolina por xornalcerto en Flickr

Adolescentes por emdot en Flickr

Ya hay 3 comentarios. ¿Quieres dejar el tuyo?

  • Alfredo
    27 jul 2010

    Totalmente a favor, tiene mas veneficios que inconvenientes.

  • anonymus xD
    12 sep 2010

    totalmente a favor ;)

  • santo
    24 sep 2010

    a favor, pero ke hay de la violencia generada? osea cual es el limite? recomiendo una pelicula: a serbian film

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