Amos y esclavos sexuales

Una relación sexual amo-esclavo es aquella que sigue parámetros distintos a la igualdad. Este tipo de jerarquías sexuales son propias de las relaciones sadomasoquistas y el objetivo el goce sexual. El esclavo se abandona totalmente a la voluntad de su amo, sabiendo y esperando que éste sepa ser firme y controlar la situación. Eso sí, en este tipo de relaciones debe establecerse un pacto previo y consensuado que, especialmente el dominador, no puede romper.

Fotograma del biopic de Betty Page, famosa pin-up de los 50 que asumía ambos roles delante de la cámara

Una relación sexual amo-esclavo es aquella que sigue parámetros distintos a la igualdad. Este tipo de relaciones no se basan en un equilibrio entre las partes sino que se establece una especie de acuerdo entre los dos miembros, por el cual uno asume el rol de amo y el otro el de esclavo. Dichas jerarquías sexuales son propias de las relaciones sadomasoquistas y deben ser (y son, en la gran mayoría de los casos) consentidas por ambas partes. El objetivo, el goce sexual. Se procede, por lo tanto, a un simulacro más o menos fiel (depende del aguante de cada uno) de relaciones que aparentemente son degradantes, pero que constituyen una fuente de placer acordada entre los dos miembros. El contrato previo debe quedar claro, tanto para el amo como para el esclavo, estableciéndose unas reglas y unos límites que en ningún caso deben quebrantarse.

En este sentido, es el amo (aquel que lleva las riendas) el que mayores responsabilidades asume. El esclavo se abandona totalmente a la voluntad de su amo, sabiendo y esperando que éste sepa ser firme y controlar la situación. El dominado asume que su función es la de proporcionar placer cuando (y solo cuando) se le requiera. Sus propias necesidades quedan a merced del sujeto dominante de la relación. Para el esclavo, el hecho de proporcionar placer a su dominador es el vehículo mediante el cual encuentra el suyo propio.

Cuando un amo y un esclavo deciden compartir su andadura, se inicia un periodo de entrenamiento en el que el primero se encarga de aplicar las reglas establecidas de antemano, acostumbrando al segundo a su acatamiento sistemático. El esclavo pasa a ser propiedad del amo y el dominio se ejerce en tres ámbitos distintos pero complementarios: mente, cuerpo y espíritu. Estas son las tres áreas en las que el dominante debe incidir para hacer que su dominado le pertenezca completamente. En el caso en que el esclavo se resista o no obedezca, sus acciones pueden acarrear una fuerte reprimenda, unos fustazos, una humillación verbal o la suspensión de las relaciones sexuales.

Amos y esclavos pueden ser hombres o mujeres

Los practicantes del sadomasoquismo suelen ser muy respetuosos con las reglas establecidas y nunca acceden al cuerpo del otro si no se tiene su consentimiento previo. Normalmente, las relaciones amo-esclavo se limitan a los encuentros sexuales y no a la vida cotidiana. Sin embargo, existen casos de convivencia prolongada, donde el esclavo depende de su dominador, no solo para el sexo, sino para la alimentación, la higiene u otras necesidades básicas.

Sea como fuere, este tipo de jerarquías deben de ser asumidas por los dos lados con un fuerte convencimiento y muy seguros ambos de lo que implican. Cualquier tipo de humillación o trato degradante que no haya sido previamente acordado es una extralimitación que no debe consentirse. El objetivo de estas relaciones sadomasoquistas no puede ser otro que el goce mutuo mediante la asunción de unos determinados roles que no podemos ejercer en nuestra vida cotidiana.

Fuentes: tapatios.com; enkidumagazine

Esclavo masculino por César Ochoa en Flickr