El orgasmo femenino y el famoso punto g

Enigmático y pequeño, el punto G es el responsable de los más plenos orgasmos femeninos. Aunque en algunas mujeres puede no resultar fácil encontrarlo, vale la pena el intento. Pero para eso, hay que saber que…

Entrado ya el nuevo milenio es hora de empezar a conseguir una verdadera libertad sexual, que no tiene que ver con una falsa liberación de mandatos impuestos socialmente, sino con saber cómo funciona la sexualidad en cada uno de nosotros, cuáles son las mejores formas de obtención de satisfacción con las que contamos y aprovecharlas, para nuestro propio bienestar y también el de nuestra pareja.

Uno de los obstáculos puede ser la dificultad para concederse sí mismo el permiso para sentir placer, cualquier tipo de placer. Pero el egoísmo es parte del deseo. Su reconocimiento será un buen primer paso; luego podrá permitirse la satisfacción. Y desde allí la necesidad casi imperiosa de satisfacer también a la otra persona, en un ida y vuelta que complazca y se deje complacer.

El orgasmo femenino

El orgasmo es un episodio de descarga de tensión acumulada que se produce a partir de la congestión sanguínea pélvica que viene acompañada por la sensación corporal de excitación. La liberación energética se produce por medio de descargas rítmicas e involuntarias de los músculos que rodean los genitales, pero también comprometen el resto del cuerpo. Estas contracciones son sumamente placenteras, producen una sensación de alivio y relajación. Suele seguirse de una sensación de placidez, bienestar y plenitud. Se produce pues desde el punto de vista fisiológico una disminución tensional, y desde lo subjetivo una intensa vivencia del placer.

El clítoris

El clítoris es el órgano eréctil que se encuentra en la parte superior de la vulva de la mujer.

Está unido a los labios menores, y recubierto parcialmente por éstos. De hecho, habitualmente son sólo visibles el capuchón y el glande del clítoris que se hallan en la parte superior de los labios menores, y que forman apenas una décima parte del su volumen total.

En él se concentran los nervios que producen placer sexual en la mujer. En efecto, este órgano no tiene otra función conocida hasta el momento que la de dar placer. A tal punto que en algunas sociedades del continente africano se practica la mutilación sexual de las mujeres: la ablación que consiste en la mutilación del clítoris antes de que las jóvenes lleguen a la menarca impedir que conozcan el placer sexual.

Punto G

Parece difícil encontrarlo, parece oculto quién sabe dónde, inaccesible para muchos, búsquedas frenéticas desencadenadas por una necesidad de buscar el máximo placer posible, adjudicado a un lugar. ¿Pero dónde?

A principios de siglo XX tuvieron lugar algunos desarrollos teóricos que dieron con el gran desafío de establecer que la sexualidad humana comienza en la infancia y supone un desarrollo. A partir de entonces se fue aceptando la idea de que existían dos tipos de orgasmos: uno relacionado con las pulsiones parciales, clitoridiano, “local”, y otro maduro, total, relacionado con la adultez: el orgasmo vaginal. Con lo cual el orgasmo clitoridiano quedó relacionado con la inmadurez sexual, con la masturbación, o a lo sumo como parte del llamado “juego previo” o “preliminar”. ¿Previo o preliminar a que? Pues claro, a la penetración, considerando que éste y no otro es el fin último de todo lo que se de en llamar una “relación sexual”.

En principio está bueno saber que la sexualidad humana se caracteriza por no ser reductible a los modos genitales de vinculación. Por lo tanto, una relación sexual no tendría por qué, necesariamente, culminar con la penetración del pene en la vagina, con el consecuente orgasmo, (“…y si es al mismo tiempo, mejor…”). Bien puede empezar y terminar con un juego amoroso, que no sea preliminar sino un fin en sí mismo, con orgasmo, o sin él.

Sin embargo es importante saber que todos los orgasmos femeninos tienen intervención del clítoris. Y que todas las sensaciones vaginales “provienen” de la sensibilidad extrema y exquisita de éste órgano que, al hincharse por excitación, tiende a “invadir” la zona vaginal. En realidad, la vagina carece de terminaciones nerviosas, por lo cual es imposible sentir algo únicamente por su estimulación. El uso de tampones demuestra con claridad que esto es así: no los sientes!!!

¿Y el orgasmo vaginal? En realidad, si no existiera el clítoris, la mujer no sentiría ni excitación sexual, tal como les ocurrirá a las africanas que son mutiladas. Es el clítoris el que “presta”, como órgano auxiliar, todas las sensaciones a la vagina cuando se produce la excitación sexual.

¿El clítoris interno es el famoso punto G?

A lo largo de los años mucho se ha especulado sobre la real existencia del punto G, lo cierto es que existe y si descubres en donde se ubica y aprendes a estimularlo, sabrás cómo obtener placeres más intensos. En algunas mujeres (no en todas) procura una calidad de placer diferente.

En el año 1950, el ginecólogo alemán Ernst Grafenberg, descubrió una zona dentro de la vagina que al ser estimulada podía causar orgasmos intensos a las mujeres. De la utilización de la inicial de su apellido surge el nombre de punto G, que en realidad no es exactamente un punto sino una zona rugosa, que se encuentra en la parte anterior de la vagina, algunos centímetros dentro de ella, en su parte superior o techo. Esta zona sí es rica en terminaciones nerviosas. Durante la excitación sexual, aumenta aquí considerablemente el flujo sanguíneo. Esto hace que el punto G se inflame y de esa manera sea más fácil de encontrar.

Vemos pues que es el roce del clítoris (interno o externo), el que se estimula y aumenta la excitación sexual. Sin importar si se roza con la mano propia o ajena, con el pene introducido o no, o con algún otro objeto. Y esto no hace a la madurez sexual alcanzada por la mujer o la pareja, ni a la tipología del orgasmo. Tampoco tiene importancia el momento en que se alcanza, si antes, durante o después, del juego amoroso o de la penetración. Lo importante es que, conocer nuestro cuerpo nos va a permitir acercarnos a la obtención de un placer que muchas veces se ignora.