La erotofilia: luz verde para las fantasías sexuales

Muchos adolescentes experimentan un sentimiento de culpa al experimentar fantasías sexuales. La psicología señala que esto es necesario en cualquier etapa de la vida. La erotofilia es el conjunto de actitudes de actitudes positivas hacia el sexo.

Cuando uno entra en la adolescencia, muchas curiosidades nos asisten, sin duda la principal de ellas es todo lo relacionado con el sexo. Para comenzar, los chicos inevitablemente nos comparamos unos a otros mientras nos cambiamos en el vestuario de la escuela luego de hacer deporte. No vemos las horas de estar llenos de vellos por todo el cuerpo para ratificar nuestra hombría. Indudablemente también establecemos rondas de comparaciones para ver quién ha logrado un mayor desarrollo del pene. Las burlas no se hacen esperar y los más rezagados en estos terrenos reciben todo tipo de apodos. Pero estas son las cosas que ocurren cuando los hombres estamos en grupo. Sin embargo, cuando un adolescente se encuentra solo, muchas fantasías sexuales le asisten. La más común es la de sostener relaciones con una atractiva maestra de escuela o con una mujer experimentada. Evidentemente la masturbación es un recurso común en estas instancias. Recuerdo mis días de adolescente y junto a las fantasías sexuales, se instalaba un sentimiento mezclad de miedo, incertidumbre y ansiedad. No quería que nadie supiera de mis fantasías sexuales y mucho menos de los grandes deseos sexuales que me asistían en estos momentos. Es la etapa de la vida en que la hormona masculina esta en su pico de producción y por tanto nos encontramos sobre estimulados.

En mi caso esto sucedió hacia fines de los años noventa, años en que aún no se manejaba la Internet y uno tenía pocos recursos a nuestra disposición. Lo más cercano a una relación sexual por esas épocas era acceder a un video pornográfico en uno de esos aparatosos pero modernos en ese entonces, cintas de VHS. En aquella época había lugares por doquier que los rentaban. Claro que la gran mayoría eran películas normales y eran pocos los lugares donde se podía conseguir un video del llamado cine porno o al menos alguna cinta de corte erótico. Por supuesto a nuestra edad, era imposible que alguien me alquilara una de estas cintas y ni pensar en hablar con un amigo o familiar mayor para que alquilara la cinta por mí.

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Imagen tomada de Flickr por mata el tiempo

Siempre quedaba la opción de que algún canal de televisión se apiadara de uno y programara alguna película de cine pícaro, quizá una buena comedia italiana con Ornella Mutti o Laura Antonelli pero esto ocurría muy rara vez y en horarios en que nuestra presencia frente la televisor se hacía más que sospechosa. Sólo quedaba como opción hacerse con alguna revista erótica del tipo Playboy o Penthouse. Tarea que tampoco era nada fácil. Quiero decir, presentarse de improviso en un puesto de periódicos donde uno supone que será denunciado públicamente por el vendedor, no era buena idea.

Había que planear toda una estrategia, reglar los horarios de movimiento en el puesto de periódicos y escoger el momento preciso para efectuar la compra. Además de esto había que ver dónde esconderíamos el botín una vez conseguido. En suma, toda una operación y ¿para qué? Para alimentar aún más nuestra ya sobre estimulada libido. Lo anecdótico del caso es que en esos días uno experimenta un sentimiento de culpa muy grande, no es capaz de sostener la mirada de sus padres y cree que será víctima de todo tipo de castigos divinos merced a todas las cosas que veníamos oyendo desde los primeros días en la escuela religiosa. Pero la testosterona puede más. Y decía anecdótico porque luego de algunos años, uno se viene a enterar que todas estas conductas son avaladas por la comunidad de psicólogos y es adjetivada como una conducta perfectamente normal y hasta elevada al status de necesaria. Hace poco justamente me vine a topar con un término nuevo para mí y que hace alusión a estas conductas que yo creía sociopáticas. El término es “erotofilia”.

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Imagen tomada de Flickr por JJ Santi

Esta palabra al parecer no cuenta con una acepción, sin embargo se puede encontrar en algunos sitios de Internet. Se le define como un conjunto de actitudes positivas que se tiene hacia el sexo y en general a todo lo que lo englobe, extendiéndose esto a la obtención de información acerca de prevención y los modos de excitación. El antónimo de la palabra “erotofilia” es la palabra “erotofobia” que viene a ser el conjunto de actitudes negativas hacia el sexo y todo lo relacionado con éste. En un estudio reciente realizado a poco más de 600 personas de edades comprendidas entre los 13 y los 43 años de edad, se comprobó que hubo una disminución del deseo sexual a partir de una disminución en la erotofilia en un 32% para los hombres y en un 18% para las mujeres. Esta diferencia quizá producida porque el hombre, por naturaleza tiende a aceptar de mejor modo los estímulos sexuales externos como son las revistas eróticas por ejemplo. Otro dato interesante respecto a la erotofilia y en general a las fantasías sexuales, es que son utilizadas en las terapias para aliviar el síndrome de ansiedad en el ámbito sexual. Parece ser que las fantasías sexuales son más necesarias de lo que se creía.

Profundizando un poco más en el tema, podemos citar el dato de la Asociación Española para la Salud Sexual que sostiene que la falta de libido es una de las principales causas de la disfunción sexual entre las mujeres españolas. En este sentido, lo más recomendable sería replantear una educación sexual tomando en cuenta esta nueva visión. Acercar a los adolescentes los conceptos de una sexualidad sana y libre de tabúes. Sobretodo trasladar la carga que sienten los adolescentes respecto a su sexualidad y todo el contexto que esta nueva etapa en su vida acarrea.