Lubricantes para el placer y algo más

En esta entrada veremos como los lubricantes pueden ayudar a resolver ciertas disfunciones sexuales y son el primer paso en una terapia para las mismas.

Muchos de nosotros pensamos que los lubricantes han sido desarrollados única y exclusivamente para incrementar el placer durante una relación sexual al añadirle una sensación de humectación. Esto tiene algo de cierto pero no es la única razón por la que fueron desarrollados estos lubricantes. Obviamente, el marketing se hizo por ese lado, a sabiendas de que era una manera más vistosa para entrar al mercado del sexo y de paso complementar el uso del preservativo. De esta manera, muchas mujeres que no gustaban de hacer el amor con una pareja que usara preservativo poniendo como pretexto que el látex le causaba daño, ahora no tendrían más remedio que aceptar la penetración con la combinación de ambos elementos. Sin embargo, este no es el único uso de los lubricantes y su uso está muy ligado a algunas disfunciones sexuales de la pareja. En efecto, el lubricante puede solucionar algunos de estos problemas de manera parcial o temporal, mientras el terapeuta de turno se concentra en resolver el problema de fondo. En algunos casos, incluso se reportan desapariciones de las disfunciones sexuales las cuales condujeron al uso de los lubricantes.

En este punto, otro error nos puede asistir. Podemos pensar que estos problemas pertenecen más que nada a las mujeres. Sin embargo, las disfunciones sexuales que afectan a los hombres también pueden ser tratadas y asistidas con lubricantes genitales. Por ejemplo, tenemos el caso de la impotencia en el hombre.


Si esta es total, definitivamente el lubricante no operará el milagro, pero si se trata de una disfunción eréctil o impotencia parcial, ciertamente el lubricante, puede facilitar el ingreso del pene en la vagina. Son muchos los casos en que el problema se soluciona pues el varón, una vez conseguida la penetración, logra sostener una erección más decente y culminar con éxito el acto sexual. Al parecer es una fobia inicial del varón que se da por el miedo a fallar en la penetración de la mujer. Una vez salvado este paso, el bloqueo mental desparece y el problema tiende a solucionarse. Otro caso en que el varón puede apelar al lubricante es cuando hay eyaculación precoz. Este problema se puede ver incrementado por una falta de lubricación natural en la mujer como consecuencia de la vehemencia del hombre por consumar el acto sexual.

Imagen tomada de Flickr por clubvergilia

Al encontrarse con la vagina de su pareja aún sin lubricar, el varón eyacula rápidamente y el acto sexual carece de un desarrollo y desenlace satisfactorio para ambos. Aquí los terapeutas utilizan técnicas de pausa y arranque. El varón es sugerido para penetrar a la mujer pero retirarse en el momento que siente que ya no podrá dar marcha atrás en el proceso de la eyaculación. En ese momento, entra a tallar el lubricante tanto para la mujer como para el varón. De esta manera se logra retrasar un tanto la eyaculación al disminuir la fricción sobre una superficie ahora mejor humectada. Pero el lubricante también es de mucho uso para la mujer y en las que también hay concurso de una disfunción sexual. Un caso común para ellas es el vaginismo. Este trastorno hace que las mujeres tengan espasmos involuntarios en la entrada de la vagina impidiendo que la penetración se adecuada por parte del hombre. Generalmente el vaginismo está asociado con una falta de lubricación natural de la mujer. En casos extremos se reportan no consumaciones del matrimonio pues el vaginismo es tal que impide siquiera la penetración o la exploración del ginecólogo.

En estos casos, se ha visto que la participación de los lubricantes facilitan este primer paso y en muchos casos deriva en una resolución del problema. Pese a que se trata de una fobia también, el caso de la mujer si requiere una terapia psicológica para derribar definitivamente la barrera, a diferencia del caos del varón y una disfunción eréctil parcial por fobia a la penetración que exponíamos en líneas anteriores. Sin embargo, el uso del lubricante en este caso es el primer paso para la mujer, sobre todo para aquellas que no asiste al ginecólogo por tener vergüenza de exponer su caso. Otro caso común en la mujer que hace pensar en el uso de lubricantes como asistencia, es la dispareunia. Este trastorno hace referencia a una dificultad de la mujer para poder participar en el coito. Generalmente se quejan de molestias y dolores en las paredes vaginales. Las causas son variadas como infecciones de la pared vaginal o la misma falta de lubricación natural. La causa puede desaparecer pero la asociación mental que se estableció entre la penetración y el dolor puede persistir y la mujer quedar predispuesta al dolor. No se debe llegar a esta instancia ya que esto y también lo soluciona el lubricante genital.