Voyeur y voyeur 2.0

En esta entrada veremos lo que es el voyeurismo y sus límites.

Todavía recuerdo como si hubiese sucedido ayer la primera escena caliente de mi vida. Tendría unos doce o trece años aproximadamente y era una de esos calurosos días en los que no hay mucho que hacer. Y digo eso porque recuerdo muy bien que aquel día estaba castigado sin poder salir de casa, no existía aún la Internet, tampoco la televisión por cable y no tengo hermanos. Para colmo, era un día de semana y no había fútbol ni en la radio. No tendía nada que hacer, así que simplemente decidí subir a la azotea de mi casa para entretenerme divisando los autos y las personas que pasaban por mi calle. Fue así que salvé los peldaños que me llevaban hasta el tercer piso de mi casa, un lugar que no solía frecuentar pero que desde aquel día se convirtió en mirador obligado. Y digo bien, mirador. Una vez en la azotea, avancé hasta el área que daba ala calle pero me sobresalté porque advertí hacia mi izquierda una silueta humana. Instintivamente me sobre paré y giré la cabeza hacia esa dirección y pude ver que una sombra salía del enfoque de mi vista. Decidí investigar y avancé entonces en la dirección que marcó aquella silueta y allí estaba, la lotería del púber.

Imagen tomada de Flickr por panchopistola

Al llegar hasta el límite de mi azotea por izquierda, pude ver como una vecina –que hasta entonces nunca había visto- se estaba acomodando sobre una silla reclinable, con claras intenciones de aprovechar el esplendoroso sol del día. En esos momentos, empecé a sentir que hacía más calor que un día normal, algo más parecido a una fiebre, el corazón latía fuerte y la boca se entreabría.

 



La vecina, lentamente se despojó de sus pantalones cortos y de su blusa y quedó en un diminuto traje de baño. Afortunadamente yo me encontraba tras la ventana de un cuarto abandonado y no era fácil divisarme pues los vidrios estaban un tanto sucios. Me mantuve expectante y el milagro se operó, tuve acceso a mi primera clase de anatomía en vivo y en directo, una suerte que pocos tienen a tan temprana edad y sin terceros de por medio. La buena vecina, se despojó de la parte superior de su traje de baño y permitió que los rayos del sol hicieran reflejo sobre sus perfectos senos. Quien escribe, no salía de su asombro, cómo un día de castigo que prometía ser uno de los más aburridos de mi historia, pudo desembocar en tamaña escena. Y allí me quedé durante varios minutos contemplándola. A decir verdad, creo que no me moví hasta que mi vecina se retiró al interior de su vivienda.

Lo que me sucedió tiene un nombre bien específico –además de suerte-, se llama voyeurismo. En efecto, este término hace alusión a las fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes que suponen el ocultarse para observar a personas que se desnudan o que están realizando una actividad sexual. En mi defensa podría alegar que llegué hasta la escena por accidente pero por otra parte quién puede estar libre de estas conductas y más a esa edad aunque sea de manera indirecta. Por otra parte, el voyeurismo se refiere a que este comportamiento se extiende por un determinando período de tiempo, se habla de un tiempo no menor de seis meses y provocan cierto deterioro social, laboral, familiar o de alguna otra actividad de la persona que lo padece. Eso en términos clínicos. Pero lo cierto es que uno, en una u otra forma es voyeur. Otra cosa es ser descubierto o uno mismo confesar el gusto por mirar. Y, siendo amplios, habría que delimitar más el término, porque muchas personas pueden ser voyeurs de revistas o de películas eróticas y no digo de videos pornográficos. Quiero decir, todos alguna vez hemos recibido en nuestras bandejas de correo algunos de estos mails reenviados con fotos de desnudos, por ejemplo.

Imagen tomada de Flickr por radioareito

Otros, ponen como único requisito para que se hable de voyeurismo, que no haya contacto directo entre el observador y el o los observados. Esto se acercaría más a la realidad pero ¿Es necesario que la persona observada esté desnuda? Quiero decir, en qué categoría ponemos entonces a los multiplicados asistentes a las playas que con celular en mano fotografían a las chicas. Incluso los que simplemente asisten a un evento como un desfile de playa para “mirar”. Es evidente que hay cierto estímulo sexual de por medio, nadie va a hacer críticas sobre la organización de un evento de camisetas mojadas ¿o sí? Entonces ¿Hasta que punto podemos hablar de un trastorno mental, si la propia cultura nos ofrece esto y hace negocio con el deleite visual? Pues sin duda es un tema de debate. Otro punto a considerar sería la conducta delictuosa a partir del voyeurismo. Me refiero a aquellas personas que colocan cámaras espías en baños públicos o habitaciones de hotel para registrar en video las actividades que allí se realizan y luego comercializan estos videos. A ellos los calificaría como los voyeurs 2.0. Algunos países como el Reino Unido o Canadá ya contemplan esta última forma de voyeurismo como delito. En todo caso, creo que podemos decir que, en uno u otro momento, todos hemos sido voyeurs o al menos hemos intentando serlo. Me interesa leer sus anécdotas.