Rendimiento sexual del hombre después de los 40

En esta entrada veremos como enfrenta un hombre el arribo a los 40 años de edad. Cuál es el comportamiento sexual de un gran sector.

El rendimiento sexual que podemos alcanzar los hombres en la cama, es algo que realmente nos preocupa. Constantemente están en nuestra mente las comparaciones en ese sentido. Leemos historias de grandes amantes que son capaces de hacerle el amor a su mujer durante toda la noche, casi sin pausas o vemos en las noticias, los últimos desarrollos de píldoras para la impotencia sexual recomendada para tomar a partir de tal año de edad. También escuchamos comentarios en el vestuario –de esos malintencionados- cuando sin querer nos enteramos de la vida de un perfecto desconocido y de cómo su mujer lo dejo porque no la satisfacía en la cama. Todo este cargamento de información se va acumulando e inconscientemente nos vamos programando para el tiempo de corte, aquellos fatídicos 40 años de edad que cada vez se sienten más cerca y ya comienzan a anunciar su silueta, bajo la forma de sexo de poca calidad. Así llega el hombre a esta edad y, prácticamente, se auto programa para funcionar menos. Pero ¿hasta qué punto puede ser una verdad fehaciente?

Imagen tomada de Flickr por kulyka

Aquí no está en discusión los cambios hormonales que sufre el hombre de esa edad y, siendo amplios, deberíamos decir hombres y mujeres. La naturaleza pensó en términos de reproducción y de supervivencia de la especie y no en términos de placer sexual infinito. La naturaleza dotó al hombre de potencia sexual hasta cierta edad, pasada la cual, los individuos que nacen van aumentando el riesgo de hacerlo con alguna malformación genética. Es lógico pues, pensar, que la misma naturaleza, desarrollo un mecanismo de apagado paulatino del deseo sexual, por así llamarlo. En efecto, los estudios indican que una vez que el hombre cruza los cuarentas años de edad, en promedio, comienza a necesitar cada vez mayores estímulos sexuales para poder alcanzar el rendimiento sexual óptimo. Las encuestas indican que los hombres que se acercan a la primera mitad de este nuevo tiempo –sus cuarenta- ya no tienen iniciativa propia, salvo en muy contadas ocasiones y que las recuerdan como uno de los éxitos del año. Ya para cuando han cruzado la barrera de los cincuenta años de edad, estos estímulos aún deben ser más marcados y enérgicos y, a decir verdad, directamente en la zona genital. Ya una revista o un video erótico no sirven de nada.

En este punto, es bueno reflexionar que muchas infidelidades tienen su origen bajo este escenario. El hombre, toda la vida creció viendo el ejemplo del macho eterno, aquel que pensaba que era mejor morir antes de ser exiliado de la tribu por impotente o “poco hombre”. Alentado apenas por una frase, sale en busca de aventuras y busca mujeres mucho menores que él que puedan encender nuevamente el fuego de su sexualidad. Por otra parte, el matrimonio con su mujer ya lleva años, ella se ha dedicado más a los hijos y ya el sexo no es una prioridad. Una que otra vez coinciden en un encuentro sexual que con trabajos logra consumarse. Ella no insiste para no hacer sentir mal a su marido en caso de fallo. Él aduce estar cansado y tener muchas preocupaciones del trabajo. Las distancias se van marcando y el lugar donde hubo fuego al comienzo, ahora sólo sirve para leer, ver televisión o dormir, y no digo discutir. El hombre no se lo piensa dos veces y sale en busca de esa mujer que logre rescatarlo de las mazmorras de la impotencia. Probablemente lo consiga, más en base a una gruesa billetera que otra cosa.

Imagen tomada de Flickr por kenn

Pero los componentes del matrimonio respiran artificialmente, a veces se hacen de la vista gorda. La mujer puede sentirse autorizada para ser infiel también, pero no es tan afín a hacerlo, más puede su lealtad hacia lo femenino y el respeto por sus hijos. Mientras, el hombre es feliz a su manera, víctima y subproducto de un discurso afiebrado que siempre le fue machado por la sociedad desde niño: el machismo. Es bastante triste el escenario que nos plantea el avance en la vida, pero se debe ser consciente de que todo en la vida tiene etapas. Así como se van abandonando las travesuras y malacrianzas de niño o las bromas pesadas de la adolescencia o los pensamientos afiebrados de la juventud, el hombre debe aprender a desprenderse del sexo como si fuera el único motor. Nadie está diciendo que renuncie a su sexualidad, pero tampoco debe pretender ser un semental como a los veintitantos años. Por cierto que si hablamos de un hombre con pareja, la comunicación debe ser totalmente abierta en este sentido. Buscar soluciones conjuntas pero no en base al machismo sino en base al respeto y sobretodo a la realidad.