El pene y su higiene.

Niño e higienePara entender la importancia de mantener la correcta higiene del pene es necesario hablar antes sobre él:

El pene se encuentra cubierto, en estado de reposo, por una piel conocida como prepucio. Esta piel o prepucio se va separando del glande, que es la cabeza del pene, a medida que el niño crece, dejándolo al descubierto cuando está en erección.

Lo normal es que el prepucio se retraiga totalmente hasta la misma base del glande, dejándolo al descubierto. Esto es un proceso lento que suele completarse cuando el niño comienza a hacer adulto, es decir, cuando llega a los 18 años. Eso si, si durante el crecimiento, los padres observan que el prepucio del niño no se retira, es mejor llevarlo a un médico y consultarlo, pues puede tratarse de un caso de fimosis.

Ahora bien, algo que no debe hacerse nunca, bajo ninguna circunstancia, es forzar este proceso, pues podría resultar dañado el miembro sexual y provocar dolor intenso, hemorragia y desgarros innecesarios.

Ocurre que, según el prepucio se va separando del glande, las células de esa zona de la piel van quedando al descubierto, siendo tapadas en seguida por otras nuevas células. Ahora bien, cuando si no se ha retirado lo suficiente, las células no utilizadas se mezclan con el sebo que producen las glándulas de Tyson, creando entonces una sustancia densa y blanquecina que, en forma de perlitas, surgen bajo el prepucio. Esta sustancia es lo que se conoce como Esmegma.

Ya que hemos nombrado las glándulas de Tyson, vamos a hablar un poco sobre ellas: Estas glándulas están situadas en la parte inferior del prepucio y durante la infancia no presentan ningún tipo de actividad. Ya en la pubertad, comienzan a producir esa secreción que mezclada con las células sobrantes forman el esmegma, cuya función es proteger y lubricar el pene.

El esmegma, oleoso al tacBuena higieneto, desprende un olor característico que puede resultar desagradable a la hora de practicar sexo oral. Y además, como generalmente contiene bacterias, no limpiar bien la zona puede producir infecciones o inflamación.

De ahí la importancia de mantener una correcta higiene, para la cual no son necesarios productos especiales, sino que basta con limpiar bien el glande y la zona interior del prepucio con agua tibia y jabón.

En cuanto a la frecuencia, con una ducha diaria y la rutina de asear los genitales tras orinar y defecar, y tras practicar el sexo, es más que suficiente.