La píldora masculina

En esta entrada veremos cómo están las investigaciones acerca de la píldora anticonceptiva masculina.

Mucho se ha hablado, planteado y replanteado sobre la píldora masculina, pero lo cierto es que aún no aparece como una realidad tangible que pueda obtenerse en el mostrador. Sin embargo, esto no quita que las investigaciones se encuentren en su punto más febril con laboratorios como Organon y Schering, disputándose palmo a palmo la vanguardia en esta carrera por ganar el mercado. En efecto, las pruebas se perfeccionan día a día pero no caigamos en el error de pensar que es una lucha reciente. A decir verdad, y haciendo un poco de historia, podemos decir que la carrera por la píldora masculina se pensó en los años sesenta como algo viable. Desafortunadamente, las ideologías culturales y sociales de la época, donde el machismo imperaba, hicieron inviable y poco rentable el proceso que quedó dormido hasta que en los ochentas, de mano de la liberación femenina, se retomó aquel interés. Fue la OMS quien abanderó estos estudios en la segunda mitad de la década de los ochentas, haciendo que el panorama se hiciera prometedor. Sin embargo, han pasado dos décadas y recién podemos hablar de que estamos en la recta final del proceso de manufactura de la píldora masculina.

Imagen tomada de Flickr por Simon Pai Thomas

El camino no fue fácil y evidentemente no se puede creer que la relativa facilidad que asistió a la creación de la píldora contraceptiva femenina iba a trasladarse a su contraparte masculina. En efecto, en aquella, el asunto pasaba por detener la producción de la ovulación que se da una vez cada mes aproximadamente, pero en el caso de los hombres y su escenario, estamos hablando de detener una producción diaria y por millares. El esperma masculino es un proceso continuo, pensado por la naturaleza para que el hombre esté siempre preparado para una eventual cópula, apenas se topará con una mujer fértil en su camino.

El instinto de supervivencia de la madre naturaleza diseñó este mecanismo para asegurar la supervivencia de la especie. Los científicos se topan entonces con el primer gran escollo. ¿Cómo parar este megaproducción de esperma? Afortunadamente los estudios preliminares mostraron que no era necesario poner esta producción en el cero absoluto sino que bastaba con hacerla descender hasta cierto tope. La cifra de corte se estableció –gracias a los estudios de la OMS- en 3 millones de espermatozoides. Cualquier número por debajo de esta cifra es sinónimo de infertilidad.

Entonces, las primeras luces comenzaban a encenderse y señalaban el camino que se debía seguir. Por otra parte, se vio que la testosterona administrada exógenamente era muy eficaz en hacer descender la cuenta de los espermatozoides muy por debajo del nivel requerido. Esto se basa en el sistema de retroalimentación del cuerpo humano que, al reconocer la presencia de cantidades elevadas de testosterona en sangre, detiene la producción endógena de la misma. Aparentemente, todo quedaba a tiro de cañón pero no era tan sencillo. Este aumento de los niveles normales de testosterona para el hombre común, acareaba otros tantos efectos secundarios, indeseables por cierto. Para comenzar, se observó una disminución significativa de la producción del HDL, el colesterol de alta densidad, también conocido como colesterol bueno, de vital importancia para un correcto funcionamiento del sistema circulatorio del cuerpo. Otro efecto adverso era sobre la próstata ya que el exceso de testosterona hacía que se metabolizara en dihidrotestosterona que entre otras cosas se encuentra relacionada con la, hiperplasia de próstata, la aparición de acné y la alopecia o calvicie. Otros datos arrojaban cambios de humor en los usuarios de testosterona que presentaban una agresividad más marcada.

Imagen tomada de Flickr por haciendo clack

A su vez, la administración de testosterona por vía oral, representaba una sobrecarga para la función hepática. Esto se resolvía administrando testosterona en su forma inyectable, pero no se resolvía aún el problema de los efectos colaterales. Y así entramos al presente milenio. Se pensó entonces en combinar la testosterona con otra hormona que hiciera desaparecer o mitigar estos efectos secundarios indeseables. Todo apunta a que la progesterona es la candidata natural a cumplir este papel. Los estudios indicaron que esta combinación de testosterona y progestina, bajaba la producción de espermatozoides por debajo del millón por centímetro cúbico y manteniendo los efectos secundarios a raya en un corto y mediano. Es así que ahora los estudios se enfocan en los efectos a largo plazo antes de lanzar la píldora masculina al mercado. Se ha visto que la progesterona actúa mucho mejor cuando es administrada de manera transdermal, es decir a través de la piel, mediante parches que la liberan gradualmente en el organismo. Entonces, aún no podemos hablar de “píldora masculina”. Por otra parte, aún pasará algún tiempo para desarrollar este contraceptivo masculino pues la calibración de estas sustancias debe ser milimétrica. Recordemos que la progesterona es utilizada en la llamada “castración química” de los convictos por agresión sexual.