Sin condón, sin cerebro

Preservativo, protección para sexo seguro Nadie, con un poco de sentido común, se tira desde un avión sin paracaídas, porque el riesgo de mortalidad es evidente al 100%. Sin embargo, tener relaciones sexuales sin condón, sigue siendo un riesgo que todavía muchos optan por asumir, porque “no creo que a mí me pase, eso es ser pesimistas”, “por una vez que lo haga, no pasa nada”, “te dejas llevar y no te preocupas de esas cosas”.

Aunque todavía está extendida la idea de grupos de riesgo (prostitutas, drogodependientes…) en lugar de conductas de riesgo, lo cierto es que nadie estamos exentos del peligro de contraer Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS).

Si tienes sexo sin preservativo con personas que, por desconocimiento o duda, puedan estar potencialmente infectadas, estás llevando a cabo una práctica que expone tu salud y la de la sociedad. Aunque no experimentes las consecuencias negativas al instante, sigue siendo un salto al vacío para acabar estampándote con el VIH/SIDA, o un embarazo no deseado.

Aquellos que siguen realizando comportamientos sexuales sin precaución, argumentan y justifican: “esto ¿a qué nos va a llevar, al celibato, a pedir análisis clínicos a todos?. La respuesta es contundente ante las estadísticas de contagio: No tienes que pedirle pruebas, ni dni, ni su nombre, si no quieres, sólo tienes que exigir que se uséis protección.

Por otra parte, es verdad que no todas las prácticas sexuales implican el mismo Panel de condonesgrado de amenaza:

-Muy alto. La penetración vaginal o anal sin goma.

-Moderadamente alto. El sexo bucogenital, sin usar condón (o celofán en sexo oral femenino), pues hay contacto de boca y secreciones o heridas en la piel.

-No existe ningún riesgo (sin heridas en la piel) en la masturbación solitaria, en pareja; tocar, acariciar, lamer la piel sin tocar los genitales; besos; caricias; frotación de los cuerpos; abrazos; masaje erótico; hablar o fantasear.

No hay excusas. La sexualidad responsable no significa quitar espontaneidad al momento. El uso de la protección puede vivirse como un juego de la seducción más. La pasión, el deseo empieza en el cerebro. Hacerlo sin condón, es hacerlo sin cerebro.