La primera relación sexual en el hombre

Casi siempre encontramos información acerca de la primera relación sexual en las mujeres pero poco se habla respecto a lo que el hombre vive en esos momentos, sobre todo en la previa al primer encuentro sexual.

Mucho se habla acerca de los traumas de la primera relación sexual pero, si nos damos cuenta, la gran mayoría de esa data esta circunscrita a la esfera femenina, es decir, lo que sienten ellas en su primera relación sexual. Quizá esto se deba a que la mujer, por su misma fisonomía, presenta una particularidad que hace que el momento de la primera relación sexual sea más aparatoso por así decirlo. En efecto, durante su primer coito, es más que seguro que el himen –tejido que se encuentra al interior de la vagina- se desgarre parcial o totalmente, produciendo un sangrado y por supuesto cierto dolor, que dependerá últimamente de la vehemencia de su amante. Digamos que la figura de incertidumbre y ansiedad que rodea al primer acto sexual en las mujeres queda bien catalogada y documentada por este hecho. Ilustrada sería la palabra más adecuada. Junto con esta representación, también acompañan a este momento una serie de factores psicológicos y psíquicos que pueden ser comunes al hombre y que también forman parte de esa data a la que nos referíamos al iniciar este artículo. Pero ¿Qué hay de la primera relación sexual en el hombre? La verdad es que la data que he encontrado apenas y alcanza a los factores psicológicos y psíquicos que rodean a ese momento, que es tan importante para el género masculino. Quizá sea producto del machismo que estos temas se tratan sólo a la pasada o será que realmente no resulta tan traumático como en la mujer en términos de dolor físico, pero lo cierto es que la primera relación sexual del hombre puede dejar tantas secuelas psicológicas como a la mujer, y quien sabe hasta más toda vez que el mismo machismo se convierte en un peligroso boomerang a la hora de calificar una relación sexual exitosa. El hombre que no ejecuta bien el acto sexual, evidentemente es “menos hombre” en los despiadados círculos masculinos –ya no digo machistas-. Seguramente se hablaría a sus espaldas de conocerse algún intento fallido o abortado del acto sexual.

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Imagen tomada de Flickr por zell0ss

Toda esta situación lleva a que muchos jóvenes y adolescentes de sexo masculino presuman sistemáticamente de su primera relación sexual y de las demás que supuestamente le han seguido. Quizá esto no sea tan grave, pero ¿será cierto? Varias encuestas a lo largo de los últimos años arrojan que esto no es así y un gran porcentaje de jóvenes admitieron haber falseado estos testimonios y haber llegado a la vida universitaria sin siquiera haber debutado en las relaciones sexuales. Unos por miedo a la misma relación, otros por su extrema timidez que ni siquiera les permitía sostener una conversación romántica y erótica con una mujer y otros por el miedo al fracaso y posterior burla de sus amigos e incluso por no decepcionar a sus padres.

Como vemos, la carga se hace pesada para los jóvenes y es claro que no hace falta sangrar en una relación sexual para adquirir la categoría de traumático. Al parecer mucho depende el antes y la idealización que se haga respecto a la perfección que debería acompañar a la primera performance sexual, lo cual para nada debería ser así. Las relaciones sexuales son un típico caso de ensayo y error hasta llegar al dominio de la técnica. Incluso la observación ayuda bastante ya que el hombre es un ser que imita mucho por su naturaleza animal, sumada al instinto obviamente.

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Imagen tomada de Flickr por hapuc

Haciendo memoria, me enfoco en mi experiencia personal y, efectivamente, compruebo que la mayor carga de la primera relación se encuentra en el antes. Esa previa si que es difícil. Todo empieza en la escuela, cuando los hombres somos pillados por la adolescencia. Comenzamos a sentir que las mujeres nos gustan en otro nivel, menos subliminal y más salvaje, lamentablemente la timidez y los códigos sociales no varían mucho y cuesta materializar los instintos en una relación sexual como la naturaleza planeó hace ya tanto tiempo. La civilización entorpece estos cauces naturales y el hombre echa mano del facilismo de la masturbación. En muchos casos, la respuesta es tan satisfactoria que uno termina por conformarse con esta técnica y el tiempo se le pasa. De pronto, te das cuenta que la escuela se terminó y no hubo ninguna oportunidad de conocer las relaciones sexuales. Al frente te queda la universidad y hay mucha presión para el ingreso, la vida misma depende de ello. Así te lo grafican. Una vez dentro de la universidad, el mundo es totalmente distinto. No conoces a nadie, todo empieza de cero. Eso puede ser bueno o malo según como se mire, siempre en términos de oportunidad de tener relaciones sexuales. Nos acercamos a los veinte años y aún no sucede nada, hay que darse prisa. Me imagino que hasta aquí, varios coinciden con mi ruta.

Imagen tomada de Flickr por Palomaca

En una de esas, el Destino me puso al frente a una chica liberal, de aquellas mujeres que no requieren de mucho romanticismo para acceder a tener una relación sexual. Creo que corrí con suerte porque salvé una gran parte del problema y me ahorré quizá la etapa más tediosa del camino, prácticamente acordé con ella día y hora en que haríamos el amor. Pero de todas maneras hay más inconvenientes. Aún no hay independencia económica. Pensar en sostener relaciones sexuales en la casa ni hablar, hay que reunir la propinas para pensar en rentar un cuarto de hotel. La búsqueda del mismo ya es de por sí una odisea, queremos mantener el anonimato porque es sabido que ellas no van a cualquier sitio. Se nos podría quemar el pan en la puerta del horno y eso sería un golpe muy duro del cual tardaríamos en reponernos. Conseguimos el hotel, hasta ese momento no hay tensión, al menos no en apariencia. Sentí un gran alivio cuando ella entrego sus documentos en la recepción del hotel junto a los míos. Ya no había marcha atrás. Pasamos a la habitación signada con el 144. Casi no cruzamos palabra desde que pisamos el lobby del hotel. Una vez en el interior de la habitación empezamos a besarnos y cuando menos me di cuenta ya estábamos desnudos ambos. Le hice el amor –al menos eso pensé- pero visto a la luz después de 15 años, les puedo decir, sin temor a equivocarme, que fue la peor actuación de mi vida. Irrepetible.