Sexsomnio: el sexo del sonámbulo

Sexsomnio mujer

Anochece y las mentes descansan, ¿o no?. Se pierde la conciencia para adentrarse en el mundo de los sueños, y si el placer se enciende, las fantasías sexuales del día se entrelazan para construir una historia, entonces hablamos de sueños eróticos.
No es raro haber experimentado lo que hemos descrito hasta aquí alguna vez.

Es más infrecuente traspasar las fronteras de los sueños de ojos cerrados, para levantarse de la cama y seguir soñando con la mirada abierta. En este caso nos referimos al sonambulismo, esa alteración del sueño, por la que durante la noche se anda, se habla y no se recuerda nada al despertar.

Pero, ¿qué término utilizarías, si en medio de esos andares de zombi sonámbulo, el protagonista se prepara para un contacto de lo más íntimo, mientras sigue durmiendo?. Pues tiene nombre: sexsambulismo, por extraño que parezca y desconocido, existe. Hacer realidad los sueños eróticos durante la noche, sin tener conciencia de ello, ni tener una mínima idea a la mañana siguiente. Ocurre durante la última y más profunda etapa del sueño (la fase REM, movimiento rápido de los ojos).

Imaginemos la energía que conlleva una relación sexual, y aún así, contemplemos perplejos la posibilidad (por difícil que se antoje) de seguir dormido mientras el placer recorre el cuerpo. Cuando la luz irrumpe la ventana, pueden quedar desconcertantes huellas (preservativos, ropa interior descolocada, ardor en genitales) y la incógnita de cómo se han producido.

Si mantienes encuentros sexuales con un sexsomne, al día siguiente no es que te rehuya, reniegue de lo vivido o se haga el despistado; es que verdaderamente para él, es como si aquello no hubiera sucedido. Puede ser el blanco perfecto, del que más de uno llegue a aprovecharse, cuando hay más visitantes en la casa, y la pareja no es el primero en recibirlo. Se han descrito casos, en los que familiares, amigos o conocidos, por picaresca o abuso, aceptaban el deseo sexual adormilado del otro, sabiendo que enmudecería cuando llegase el alba.

Por otra parte, más de un compañero de dormitorio puede quedarse boquiabierto, si a media luz comprueba que el de al lado empieza a estimularse rítmicamente, sin dar explicaciones y ningún tipo de pudor, a las 4 de la mañana. Y si al día siguiente, la pareja del sexsomne se atreve a decirle que se vio sorprendido por la pasión somnolienta, con la que le buscó anoche, ha de prepararse para que el otro (sin recordar nada) pueda recriminarle que le obligó a tener sexo.

sexsomne hombre

Los primeros casos fueron publicados por Colin Shapiro, director de la Clínica del Sueño y Alerta del Toronto Western Hospital, aunque probablemente hay más gente que lo experimenta, pero que por pudor o desconocimiento no llegan a consultar. Es que la escena tiene miga: “Doctor, amanezco con marcas moradas en el cuello y picor en los genitales, y no mantengo relaciones sexuales con nadie (¿)”

Al parecer, cualquiera (hombre o mujer) que duerma profundamente, tenga estrés, esté bajo los efectos del alcohol o drogas y/o tenga cierta predisposición genética, es susceptible de ser un sexsámbulo.

Esta vertiente del sonambulismo, como os podéis imaginar, implica un sexo que puede ir más allá de la propia habitación y de la propia pareja, por lo que el protagonista puede acabar sufriendo rupturas conyugales, violaciones, abusos solapados o ser acusado de acoso sexual, incluyendo a menores. Al final, la vergüenza, la culpa y la impotencia se apoderan de quien lo padece.

Un claro ejemplo de esto lo vivió Jan Luedecke, quien intentó tener sexo con una mujer que conoció en una fiesta. Ella resistiéndose con violencia, acabó despertándole. Pese a ser juzgado, fue absuelto. Se demostró que en realidad estaba dormido cuando transcurrió todo el incidente.
Para otros afortunados, este problema no es tan grave, porque es poco frecuente, o apenas se reduce a gemidos y leves movimientos pélvicos. Hemos de decir que engloba conductas sexuales que van desde caricias, masturbación, hasta el coito.

Hay otras variantes, dentro de las alteraciones del sueño de este tipo, como la del síndrome de Kleine-Levin, que después de ataques recurrentes de somnolencia que duran entre 16 y 24 horas, el paciente despierta más desinhibido y con hipersexualidad.

Para la pareja del que lo padece, puede significar desde una simple molestia, como el que ronca, hasta un severo dilema, cuando no sabe si perdonar una infidelidad que, aunque consentida y voluntaria, es inconsciente.

Este comportamiento sexual sonambulístico está aún en pañales, en cuanto a su estudio, pues todavía no está incluido como un desorden específico del sueño en la Academia Americana del Diagnóstico Médico del Sueño, ni tampoco en el Manual Internacional de Clasificación de Desórdenes del Sueño.

Algunos psicólogos como Michael Mangan han seguido investigando. Este autor abrió una página web para recopilar testimonios que facilitaran el desarrollo de los tratamientos. Actualmente se combina la psicoterapia con algunos medicamentos para ayudar a dormir o relajar la musculatura (como el clonazepam).

Los casos registrados, provocan cuando menos cierto estupor como el de la mujer australiana, que fue hallada por su marido en el jardín de su casa, manteniendo relaciones sexuales con hombres que desfilaban, poco más que turnándose.china durmiente

Hay quien se queda dormido después del sexo, y quien una vez dormido desata su libido. En esta fórmula sexo-sueño, afirmamos que “sí, el orden de los factores, francamente, altera el producto de manera evidente”.

Sabemos que el hecho de que tu pareja te despierte a media noche para hacer el amor, puede formar parte de tus anheladas fantasías sexuales. Sin embargo, si notas que te acaricia sensualmente después de las doce campanadas, asegúrate de que, detrás de sus pupilas, hay un amante despierto, en el más amplio sentido de la palabra.

Este erotismo sonámbulo permite al bello o bella durmiente visualizar oníricamente algo, que puede llevar a la práctica real. Buscará los estímulos externos que se ajustan a la escena mental, que ha diseñado Morfeo para el deleite de sus sentidos
Dicho así, bien podría sonar seductor, pero recordemos como decía Calderón, que “los sueños, sueños son”, y el soñador puede verse envuelto en la peor de sus pesadillas.