Fetichismo sexual

Fetiches sexualesEl primer significado del término “fetiche” fue el de ser un objeto que poseía poderes sobrenaturales y al que los hombres veneraban. El término “fetiche sexual” fue acuñado por el psicólogo francés Alfred Binet, que fue el que, además, lo clasificó como parafilia. En cambio, algunos sitúan a Freud como el primero en ponerlo sobre la mesa para su debate.

Sea quien fuere el primero, lo que si sabemos es que el fetichismo consiste en la necesidad de la presencia de un determinado objeto o de la visión de una parte concreta del cuerpo para poder excitarse y llegar al orgasmo. Hay que distinguir este hecho de la simple preferencia por un juguete sexual o por encontrarse en una situación determinada. Si el objeto preferido falla se puede continuar la relación sexual. En el caso del fetichismo, si el fetiche falta la excitación sexual no se produce lo que produce frustración en el sujeto afectado.

Se cree que esta parafilia, (conducta sexual en la que se llega al orgasmo no por medio del coito en sí, sino por otra actividad distinta), se desarrolla cuando de muy joven, el sujeto, hombre o mujer, comienza a descubrir el sexo. Las circunstancias en las que este descubrimiento se desarrolle le lleva a relacionar el placer sexual con ciertos objetos o características de la fisionomía humana. Es decir, que aprender a alcanzar el clímax orgásmico en unas determinadas condiciones puede convertir a éstas en factores imprescindibles para seguir sintiendo placer físico en posteriores encuentros.

Los fetiches sexuales pueden ser:

- Objetos: botas, prendas de látex, pañales, pelucas, piercings, guantes, complementos con pinchos, esposas de policía, medias de nylon, ropa interior usada, delantales, etc.

- Relativos al cuerpo humano: los pies, la cabeza calva, los senos femeninos muy grandes o muy pequeños, el vello corporal tanto que haya exceso como que no exista ni rastro, un tipo determinado de ojos, etc.

El fetichista emplea el objeto de deseo para llevar a cabo la masturbación, Fetichesrozándose directamente con él, o bien requiere que su pareja sexual lo lleve puesto o lo utilice. También puede necesitar estimular a su amante con él, por ejemplo en el caso de que lo que le excite sea introducir en el cuerpo del otro algún objeto concreto y que sin hacerlo no pueda llegar al orgasmo.

No se considera un trastorno de fetichismo si esta conducta sólo se produce durante un corto periodo de tiempo. En este caso, si no dura más de seis meses, hay que buscar el origen en algún tipo de hecho traumático que haya condicionado la sexualidad o en una simple preferencia sexual que, probablemente, pasará pronto dando lugar a otra nueva.